APRENDIENDO A EQUIVOCARME

 

Cuando escuché a Alan Questel, Director Académico de mi entrenamiento Profesional Feldenkrais, decirnos que falláramos miserablemente mientras nos enseñaba una lección de Autoconciencia a Través del Movimiento, sentí un gran alivio. Es más, sentí alegría porque eso era lo que mejor podía hacer en ese momento. No podía descifrar la instrucción del movimiento, simplemente no tenía ningún sentido para mí. Luego pensé: “¿Por qué ningún maestro me había pedido fallar al intentar hacer algo?”.

Tenemos un deseo inculcado de ser buenos en lo que hacemos, aunque no desde el principio. Cuando somos niños, lo que guía nuestro aprendizaje es la curiosidad de descubrir nuestro entorno y nuestra relación con él y con los demás. ¿Cuándo empezamos a dejar de sentir curiosidad al aprender? No está mal querer llegar a ser buenos en lo que sea que nos dediquemos, pero para llegar a eso, tenemos que pasar por un proceso, que lamentablemente puede estar lleno de juicios e ideas preconcebidas acerca de cómo aprender.

Diferenciando, integrando.

Hemos eliminado el error como opción y al evitarlo a toda costa, muchas veces nos quedamos solamente con la sensación de haber fallado y un sabor amargo de decepción nos llena perdiendo de vista valiosa información: ¿Qué estoy haciendo de más, qué hace falta, cómo puedo involucrar más de mí, cómo puedo usarme de forma diferente para lograr mi objetivo? Son algunas preguntas que podemos hacernos a nosotros mismos desde una actitud de observación para descubrir cómo mejorar o refinar algo que queremos hacer.

Cuando nos equivocamos nos sentimos vulnerables, y asociamos la vulnerabilidad con debilidad, cuando en realidad, permitirnos ser vulnerables puede ayudarnos a identificar mejor nuestras fortalezas y debilidades, y lo cierto es que todos lo somos en un sentido u otro. Además, si no te equivocas, ¿Cómo sabrás cuándo aciertas?

 

Descifrando el camino. Bocas de Ceniza. Punto de desembocadura del río Magdalena en el Mar Caribe.

En mi formación vocal, estas reflexiones estuvieron acompañadas de momentos de tristeza, agotamiento e impotencia, pues fueron muchos los retos a los que me enfrenté al ser una estudiante aplicada pero paradójicamente con problemas técnicos, de afinación y para enfrentar la mirada examinadora del público. No fue sino hasta que descubrí Feldenkrais que puede empezar a esbozar un camino que resonaba más conmigo, mis dificultades y mi manera de construir el conocimiento en el canto.
Aprendí poco a poco a no juzgarme tan duramente en una presentación (antes, durante y después). Como músicos y artistas (caray, y yo diría como seres humanos) estamos tan acostumbrados a ser nuestro juez más severo que desaprender tal función es todo un viaje de por sí. Hoy en día me siento más cómoda y en paz cuando algo no sale cómo lo había planeado al cantar una canción, ya sea en un ensayo –en caso tal tengo la oportunidad de repetirlo diferente- o en vivo. No quiere decir que no quiera hacerlo bien, o que me haya vuelto mediocre, al contrario, siento que cada vez me pongo metas más altas en cuanto a mi interpretación. Puedo trazar un camino más fácil entre cómo quiero sonar y qué hacer para lograrlo. También para modificarlo según las circunstancias presentes, es decir improvisar -concepto vital en la música-según los elementos que sienta disponibles en el momento.

 

Fundación Cultural La Cueva. Barranquilla, 2018.

 

Algo que definitivamente me ayuda a estar enfocada al cantar es quedarme en el presente. En las clases de Autoconciencia por el movimiento, la atención del estudiante es guiada por medio de preguntas de atención que invitan a enfocarse en el momento presente, sin poner presión en cómo será el movimiento al final de la sesión. Cualquier cantante o instrumentista (también actor, bailarín, deportista, etc.) puede identificarse con la ansiedad de anticipar un pasaje musical, movimiento o nota exigente. Es precisamente esa anticipación acompañada de miedo a fracasar en el intento lo que muchas veces no permite lograr lo que se espera.

La música como fenómeno en sí, es efímero. Es decir, el momento de contacto con la audiencia durante un concierto, en cada canción, es breve en comparación a todo el tiempo invertido para aprender la música, ensayar, planear y demás. Es por esto que un buen músico siempre quiere que su actuación sea impecable, sin errores, perfecta. Como maestra de canto, siempre aliento a mis estudiantes a equivocarse cuando están estudiando, sobre todo si están intentando algo que es nuevo para ellos “¿qué es lo peor que puede pasar?” les digo, y ellos casi siempre ríen nerviosos. Una vez tenemos “permiso” de equivocarnos, es como si por fin pudiéramos quitar eso del camino y avanzar hacia nuestro objetivo.

 

“El aprendizaje debe hacerse, y es realmente provechoso, cuando todo en él conduce a que se pueda pasar de la sonrisa a la carcajada sin obstáculo, naturalmente, espontáneamente.” -El poder del yo.

 

Lo que Feldenkrais me ha enseñado sobre el error

Si hay algo que me encanta del Método Feldenkrais® es que tiene una propuesta de aprendizaje única y muy distinta a la manera en la que normalmente estamos acostumbrados a aprender. A continuación les comparto lo que he aprendido del error al practicar Feldenkrais y que he podido aplicar a muchos contextos en mi vida:

  • Puedo incluirlo como una variación. Esta es una estrategia que usamos mucho en Feldenkrais, hacer lo mismo de varias formas distintas para tener un mejor entendimiento en nuestra sensación y más opciones de cómo hacerlo.
  • Poner la atención en el Cómo y no en el Por qué. Si pongo mi atención en CÓMO hago lo que estoy haciendo aunque eso en algún momento signifique estar haciéndolo mal, y no en POR QUÉ me sale mal, puedo aprender mejor.
  • Equivocarme a propósito. Si lo hago mal a propósito, me libero de la presión de tener que hacerlo bien y puedo proseguir en mi aprendizaje.
  • Ir más despacio. A veces cuando algo no nos sale bien, queremos ir más rápido para ahorrarnos la incomodidad, pero si bajamos la velocidad y nos damos tiempo para prestar atención a los detalles, podremos encontrar otras formas de solucionarlo.
  • Calidad y no cantidad. Menos es más: aunque sea poco lo que podemos hacer, si se siente fácil y placentero vamos por buen camino.
  • Siempre se puede mejorar. Ir poco a poco y tomarnos el tiempo de construir nuestro propio aprendizaje, dejará una huella más duradera que intentar hacerlo bien al primer intento. Moshé Feldenkrais dijo: “Mi método es para hacer lo imposible posible, lo posible fácil y lo fácil, elegante.”

 

 

Giselle Segrera Guzmán

Cantante Profesional, Maestra de Canto y Profesora certificada del Método Feldenkrais®

Secretaria Junta Directiva ACOMEF

giselleseg@hotmail.com

 

Descarga aquí “De la voz hablada a la voz cantada”, la tesis para obtener el grado de Maestra en Música presentada por Giselle Segrera en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas”

Contacta a la maestra Giselle Segrera a través de su página en Facebook

 

 

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